Facebook Audiomercados Twitter Audiomercados Youtube Audiomercados Linkedin Audiomercados
LOGIN

Login

Email
Password *
Recordarme

Reportajes

Game over para Theresa May

El obituario político de la líder 'tory' se ha escrito al menos una quincena de veces en los últimos seis meses. Pero ahora sí, ha llegado el momento de la verdad. El cuarto proyecto de ley de retirada, último intento con el que pretendía ejecutar el divorcio con el bloque después del rechazo de sus señorías a los tres anteriores, ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Dejar la puerta abierta a un segundo referéndum y a una unión aduanera temporal no solo ha supuesto un guiño fallido hacia la oposición, sino que también ha terminado de enterrarla entre sus filas y en su propio Gabinete.

La dimisión el miércoles de la influyente Andrea Leadsom, responsable de los 'tories' en la Cámara de los Comunes, es muy significativa. Y aunque May nombró de inmediato a Mel Stride como su sucesor para demostrar que no está dispuesta a rendirse, todo apunta a que el tiempo se le acaba.

May se entrevista este viernes con el presidente del Comité Parlamentario 1922, Graham Brady, y se espera que de esa reunión salga la fecha de su dimisión. La confirmación podría demorarse hasta el lunes, cuando se conozca el resultado de las europeas. Pero una vez tomada, podría ser una transición rápida.

Varios medios británicos anticipan que May está dispuesta a dimitir como líder conservadora el 10 de junio, tras la visita de Estado de Donald Trump, y a seguir temporalmente como Primera Ministra mientras dura la elección de su sucesor o sucesora.

El concurso para el liderazgo conservador, con Boris Johnson como favorito entre una larga decena de candidatos y candidatas, duraría previsiblemente de tres a cuatro semanas, de modo que a mediados de julio podría haber ya un nuevo inquilino en Downing Street.

Desde Bruselas, el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker lanzó un salvavidas a May y anticipó que Reino Unido puede verse condenado a una nueva extensión del Brexit con un cambio de líder. Los analistas dudan sin embargo de que May pueda resistir en Downing Street "con un sofá tras la puerta" más allá del domingo por la noche, cuando se confirme el desastre histórico de los conservadores en las europeas.

Se estima que dos de cada tres votantes a favor de la salida de la UE se inclinaron por el Partido del Brexit, según el último sondeo de BGM para 'The Independent' y que el partido de Nigel Farage, podría haber robado a los 'tories' hasta el 56% de los votantes, según los últimos sondeos.

Pero la gran pregunta es, ¿qué va a pasar con el Brexit? Todo apunta a que el proyecto de ley de retirada no será votado en la primera semana de junio. Se antoja complicado que haya cualquier avance antes del receso estival, por lo que sus señorías retomarán la agenda en septiembre con la misma crisis institucional que existe ahora mismo.

Por lo que, llegados a este punto, habría tres probabilidades: o se revoca el artículo 50 para cancelar el Brexit, o hay segundo referéndum o —la más probable— se celebran elecciones generales anticipadas, para comenzar todo de nuevo desde cero. Un caos que dura ya tres años.

Las elecciones europeas comienzan con la vista puesta en May y los partidos nacionalistas.

Este jueves comienzan las europeas en Reino Unido y Holanda quienes serán los primeros en acudir a las urnas, después le seguirán el resto ciudadanos, están llamados a las urnas más de 420 millones de europeos. Unos comicios que se celebran con todos los ojos puestos en Reino Unido con su premier en la cuerda floja y en la irrupción de los partidos euroescépticos en la cámara del Parlamento Europeo, aunque las encuestas muestran que serán mayoritarios los partidos centro reflejando la tendencia de individual de cada uno de los estados miembros.  

Europa vivirá unas Elecciones Europeas claves donde el foco estará puesto en: Italia, Reino Unido, España, Alemania y Francia.

Leer más...

La guerra tecnológica entre China y EEUU sacude al mercado

El pulso económico entre las dos mayores potencias mundiales ha derivado en una gran sacudida en el negocio tecnológico global. Estados Unidos ha incluido al gigante chino de teléfonos y tabletas Huawei, que considera un peligro para la seguridad nacional, en una lista negra que, en la práctica, impide a las firmas estadounidenses venderle componentes o software. La primera gran consecuencia ha llegado con ruptura del negocio con grupos como Google o Qualcomm, lo que deja a millones de consumidores inquietos. Cuando dos elefantes se pelean, sufre la hierba que hay debajo.

Nada como Huawei encarna el desafío de China a las potencias económicas occidentales, por el voraz crecimiento que esta compañía representa y también por todos sus claroscuros. Fundada hace 30 años, la firma se ha convertido en el primer fabricante de productos tecnológicos del mundo y en el segundo mayor vendedor de teléfonos móviles.

El veto de Google a Huawei, sonado porque deja a los dispositivos del fabricante asiático sin actualizaciones de servicios tan importantes como los de Android o Gmail.Y se han sumado otras firmas como Qualcomm, Infineon o Intel. Washington acusa a la empresa de robar tecnología, de incumplir el régimen de sanciones con Irán y, muy especialmente, de mantener unos lazos con el Gobierno chino que la convierten en un peligro para su seguridad nacional.

Finalmente, ayer por la noche, la Administración de Donald Trump anunció una tregua de tres meses. El Departamento de Comercio de EE UU aprobó una licencia temporal para el fabricante chino hasta el 19 de agosto para que pueda mantener las redes y proporcionar actualizaciones de software a los terminales existentes.

La nueva estrategia de Washington respecto de China, sin embargo, es probable que haya llegado demasiado tarde. Entre otras cosas, porque el grado de interrelación entre ambos países es ya tan intenso que cualquier acción unilateral daña a las dos partes del conflicto.

De hecho, como han recordado algunos analistas, la emergente clase media china es un mercado enorme para compañías como Boeing, Apple o Nike. No en vano, las dos economías más grandes del mundo son, además, sus respectivos socios comerciales más importantes. El intercambio comercial ascendió a nada menos que 700.000 millones de dólares en 2018, mientras que China es el principal acreedor extranjero de bonos del Tesoro de EEUU: 1,1 billones de dólares.

En paralelo, Trump y Xi tratan de llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra arancelaria en la que llevan sumergidos desde el año pasado. Esas conversaciones influirán en el conflicto entre Huawei y Estados Unidos. El pasado junio, el Departamento de Comercio estadounidense ya llegó a un acuerdo con el fabricante chino de móviles ZTE, que había tenido que cesar sus operaciones al perder su principal mercado.

La relativa moderación ha sido, hasta ahora, la tónica de las respuestas de Pekín. Quizá por no empeorar la situación, quizá por ganar tiempo mientras estudia alternativas. O quizá porque, como han dibujado sus medios de comunicación estatales, su estrategia es presentarse como un Gobierno poco deseoso de tomar medidas drásticas, pero que no esquivará adoptarlas si lo ve necesario, y que está dispuesto a un enfrentamiento de largo plazo.

Esfera Capital